Los adjetivos volvieron a quedarse cortos en El Madrigal, donde el Levante le dio un repaso al Villarreal y se colocó líder en solitario de la máxima categoría por primera vez en toda su historia. Van ocho jornadas, no una ni dos, y el Levante está por encima de todos, incluso de los riquísimos Real Madrid y Barcelona. No es un milagro, es la vida real y los chicos de JIM le demostraron a los de Garrido que la confianza mueve montañas. Montaron otro escándalo y se quedan solos en cabeza. Hasta ahí ha llegado rascándose el bolsillo y mandando un mensaje ilusionante a los más pequeños y al fútbol patrio.
El conjunto granota sumó en Villarral su sexta victoria consecutiva en un campeonato que, decían, se le quedaba corto a los escoceses de blanco y azulgrana. El líder no es ninguno de ellos, es un equipo humilde que se lo ha trabajado sudando tinta gorda. Sus futbolistas son unos currantes y se sienten capaces de cualquier cosa. Podrían hasta volar para rematar un córner o una falta.
Al Villarreal le pasa todo lo contrario. Si el Levante ha destrozado sus fronteras, el Submarino no sale de un charco. Ha perdido la confianza en sí mismo y fue retratado por los granotas, que manejaron el partido a su antojo. El equipo de Juan Ignacio Martínez se conoce y conoce a los demás. Su prioridad es cerrar espacios que pueden originar tragedias. Espera su momento, que siempre le llega, y con la pelota también lo tiene todo muy claro. Sus contragolpes fueron de manual, como el primero, a los 16' de partido.
Delfín Melero para MARCA.com

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