Otro primer tiempo trepidante permitió al Real Madrid quitarse de encima al Villarreal y sumar su séptima victoria consecutiva. Como en La Rosaleda, a los blancos les sobró con el primer tiempo para borrar cualquier atisbo de resistencia por parte de los amarillos, una sombra de lo que fueron. Benzema, Kaká y Di María hicieron los goles de un equipo que combinó presión, posesión y contra. Una variedad de registros que le convierte en una escuadra temible.
A estas alturas, el Madrid ha confirmado que maneja -al menos- dos libretos. Puede acostarse atrás y buscar con descaro las contras, que ejecuta como ningún otro equipo del mundo. O puede, como está demostrando en los últimos partidos, reclamar el protagonismo desde el primer minuto, salir a mandar. Este nuevo registro se basa en la presión, que los blancos ejecutan con fiereza hasta que finiquitan los partidos. Se trata de ganar, y de ganar rápido. Quizá Mourinho recuerda esos partidos del curso anterior en los que se dejaban ir tiempos enteros, muchas veces sin margen de reacción. Parece una consigna que tal error no se repita.
También pueden los blancos combinar diversos registros. Ante el Villarreal, presionaron a su apocado rival como una manada de lobos, con solidaridad y hambre, aunque dos de los tres goles llegaron a campo abierto. En el primero, Di María, desde la divisoria, puso un balón de 'quarterback' para Benzema, que picó sutilmente sobre la salida de Diego López. En el 3-0, cambio de papeles: pase extraordinario de Benzema a la espalda de Cani, donde aparece Di María para, con pausa, aguantar hasta el instante justo y ponerla en la red.
Santiago Siguero para MARCA.com

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